"Hasta entonces había creído que todo libro hablaba de las cosas, humanas o divinas, que están fuera de los libros. De pronto comprendí que a menudo los libros hablan de libros, o sea que es casi como si hablasen entre sí."
Umberto Eco, El Nombre de la Rosa
No es nueva la idea de que no hay ideas nuevas. Todas surgen y se esconden, de manera que la originalidad no es cuestión de esencias, quizás sí de formas, de formas nuevas de contar ideas viejas. De alguna manera todo está dicho: cada época tiene su forma de expresar que ya todo fue inventado: es la exclamación de los hombres en los albores de la modernidad y la revolución industrial, "¿acaso puede haber más progreso?".
Esta idea se encuentra en el Eclesiatés ("¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada nuevo hay debajo del sol.") y se repite una y otra vez en Borges y en el eterno retorno nitzscheano.
¿Dónde aparecen y reaparecen esas ideas? En los libros.
Con la aparición de la imprenta, los textos antiguos se multiplicaron más rápidamente en el siglo XV y lo más común era acompañarlos de comentarios, traducciones y explicaciones (ZAID, 1996). Así, en la Biblioteca de la obra de Eco, armarios completos se dedican a los comentarios del Apocalipsis de San Juan, hechos por los padres de la iglesia y otros autores. " Hay más libros sobre libros que sobre todo lo demás", dijo Montaigne.
Alguien afirmaba (creo que era Borges) que el libro es la extensión de la mente humana, y el mismo escritor argentino tiene un relato sobre el Culto de los libros ("Del culto de los libros", Otras Inquisiciones, 1960). Se le da un carácter mágico y cada cultura tiene su libro sagrado, así no lo hayan escrito (el cosmos como libro divino). Y un resultado visble de la veneración bibliográfica son las bibliotecas, santuario per excellence de los libros. Y en ese contexto libresco se enmarcan los sucesos de El Nombre de la Rosa.
Acerca de este libro
El fenómeno de la intertextualidad es parte de esta novela. Tanto en el tema como en la historia y los personajes, se recogen fragmentos e ideas de otras obras. Desde el Primer Día: la historia de Brunello es la astucia de Zadid, un personaje de Voltaire, en boca de Guillermo de Baskerville.
Ya se ha dicho que El nombre de la Rosa es una novela laberíntica, que el lector arma y descubre a medida que penetra sus sentidos. Pues bien, se revela que las piezas del rompecabezas literario del Nombre de la Rosa provienen de distintas fuentes y se mezclan entre sí con un encanto medieval (las vetera analecta) y un estilo contemporáneo (la trama policiaca).
Es el año 1327, al norte de Italia, en una abadía bendictina. ¿Qué leen los monjes que viven allí? Las Sagradas Escrituras, Aristóteles, los escolásticos, los escritos de la cristiandad, los tratados científicos (hierbas, medicinas) y hasta los paganos: árabes, africanos.
Al estudiar las conversaciones en la abadía se percibe claramente que los monjes hablan lo que leen. A diferencia de un campesino iletrado de esa época, los hombres que poseían el conocimiento se ufanaban de él y lo hacían notar. Así, en la narración de Adso se lee el discurso tomístico y en el de Guillermo, los brotes renacentistas; el Abad es un personaje que exlata el arte gótico y lo románico.
En unos hay mística, en otros hay ciencia. Alguno resalta la belleza artística y otros la tradición. Ataque y defensa de la risa, sujeción y pobreza, libertad y riqueza, enfrentamientos ideológicos. Es una figura con muchos vértices (¿aristas y ángulos?).
Propuesta
Lo que propongo en este ensayo es la relación entre El Nombre de la Rosa y La Biblia. Así como se pueden buscar los textos aristotélicos o los conceptos de Santo Tomás en la novela, la Biblia presta de su contenido a su misma estructura.
Tengo la idea del proceso de composición de El Nombre de la Rosa como un rompecabezas que se puede armar al antojo: un gran escritorio con textos antiguos y medievales y un hombre contemporáneo tomándolos en un juego conforme a su lógica, hilados por su imaginación. Por supuesto que uno de esos textos es la Biblia.
El Nombre de la Rosa y la Biblia
Nos ubicamos en un ambiente cristiano (abadía), en un país cristiano (Italia), en una época de predominio cristiano en occidente (medioevo) y con unos personajes con formación cristiana (los monjes).
De entrada todo lo que se habla en ese microcosmos que es la abadía, parte de los evangelios y de los dogmas de la Iglesia Católica, con lo que dicen sus teólogos. No todas las referencias bíblicas son citadas directamente (esto sólo se da en el debate sobre la pobreza de Cristo) sino que en medio de los diálogos y la narración, Adso de Melk habla con esas palabras sagradas que alguna vez ha leído. Es su forma de ver el mundo y de expresarlo a través de su inconciente sacro.
Las gemas del Abad
En el Segundo Día, hora Nona, Adso y Guillermo llegan a la iglesia y encuentran al Abad vigilando el trabajo de unos novicios que sacan unos objetos sagrados que muestran la riqueza de la abadía. Adso dice acerca de ellos:
"... entre el amarillo del oro, la blancura de los marfiles y la transparencia del cristal, vi brillar gemas de todos los colores y tamaños, reconocí el jacinto, el topacio, el rubí, el zafiro, la esmeralda, el crisólito, el ónix, el carbunclo, el jaspe y el ágata".
¿Qué significaban estas piedras para el abad? En sus palabras, el oro y las piedras preciosas señalan la grandeza de Dios. Y su contemplación lo llevaba a una experiencia mística, se alejaba de las preocupaciones terrenales, llegaba al éxtasis y se sentía puro.
"-Toda criatura -dijo-, ya sea visible o invisible, es una luz, hija del padre de las luces. Este marfil, este ónix, pero también la piedra que nos rodea son una luz..." Esta refencia al "padre de las luces" es un título divino que está en Santiago 1:17 y se refiere a las cosas buenas que da Dios: seguramente el abad se sentía merecedor de tener esas riquezas.
Tres textos bíblicos hacen una lista de piedras preciosas y en las que se incluyen las que Adso reconoció, pues seguramente habrían más.
Éxodo, capítulo 28. Las vestiduras de los sacerdotes hebreos debían llevar oro y piedras preciosas. El efod o pectoral llevaba 4 hileras de tres piedras (12=una por cada una de las tribus de Israel), todas engastadas en filigrana de oro:
1. Rubí, topacio y esmeralda
2. Turquesa, zafiro y diamante
3. Jacinto, ágata y amatista
4. Berilo, ónice y jaspe
Ezequiel, capítulo 28. Describe la vestidura de Luzbel en el paraíso. Este es Lucifer antes de ser expulsado del cielo por su rebelión. Aquí se mencionan 9 piedras: rubí, topacio, diamante, berilo, ónice, jaspe, zafiro, turquesa, esmeralda.
Apocalipsis, capítulo 21. Los cimientos de la Nueva Jerusalén, la ciudad celestial, están adornados según apocalipsis, cada uno por una piedra, por todos 12, que en orden son: Jaspe, zafiro, ágata, esmeralda, sardónice, sardio, crisólito, berilo, topacio, crisopacio, jacinto y amatista.
Los muros de la ciudad son de oro y las puertas son perlas.
En el sexto día, hora nona, se habla de nuevo de las gemas del abad. Abbone le da a Adso un discurso sobre el valor simbólico de las piedras preciosas dado por los padres de la iglesia: jaspe=fe, calcedonia=caridad, esmeralda=pureza, sardónica=placidez de la vida virginal, rubí=corazón sangrante del calvario, jacinto=caridad, amatista=el amor de Dios, turquesa=alegría, ónice=potestades, berilo=principados, entre otros.
Es importante hacer notar la declaración del abad acerca de las interpretaciones sobre el significado de las gemas: "El lenguaje de las gemas es multiforme, cada una expresa varias verdades, según el tipo de lectura que se escoja, según el contexto en que aparezcan. ¿Y quién decide cuál es el nivel de interpretación y cuál el contexto correcto? Lo sabes, muchacho, te lo han enseñado: la autoridad, el comentarista más seguro de todos, el que tiene más prestigio y, por tanto, más santidad."
¿Y quién decide cuál es el mejor comentarista? Eso depende de la orden y el bando teológico (en el debate por la pobreza cada bando denigra la autoridad del otro). Ya en el arte medieval se advierte un campo de acción simbólico, que como afirma Gonzalo Soto, hace de lo sobrenatural una de sus mentalidades colectivas más significativas. Lo sagrado se representaba a partir de imágenes.
Para el Abad Abbone, Bernardo de Claraval no será el comentarista más santo en cuestiones estéticas, pues como impulsor del arte cisterciense, de Claraval estaba en contra del lujo y las riquezas del arte románico. Abbone es benedictino cluniacense.
El significado de las piedras en la Biblia no está explícito, pero los hebreos le daban un valor simbólico a los colores y de allí se puede hacer un ejercicio de interpretación. En los textos ya citados no hay una relación particular de cada piedra con otro objeto y mientras unas aparecen con un nombre en el Éxodo, cambian en Apocalipsis. Su sinmbolismo es de autoridad divina: están en las vestiduras de los sacerdotes (Éxodo 28) y de un querubín (Ezequel 28, véase también Isaias 14). Pero hay un texto más que se refiere al trono de Dios y que da pie para una interpretación más específica:
"Y al instante yo estaba en el Espíritu; y he aquí, un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno sentado. Y el aspecto del que estaba sentado era semejante a piedra de jaspe y cornalina; y había alrededor del trono un arco iris, semejante en aspecto a la esmeralda." (Apocalipsis 4:2-3)
El jaspe, que es probablemente un diamante, sugiere la pureza y la santidad de Dios. La cornalina, que es de rojo intenso, representa la ira vengativa de Dios. Y la esmeralda, verde, color dominante en el arco iris, simboliza la misericordia, según el libro de Génesis, capítulo 9, versos 12 al 15, donde Dios pone el arco iris como señal del pacto que hace con el hombre (en ese caso Noé es el representante) de no volver a mandar un diluvio.
La poesía de Adso
Adso de Melk era un novicio alemán de la orden benedictina cuando llegó a la abadía. Muy joven aún, con votos de castidad y una educación religiosa tuvo en encuentro sexual fortuito con una campesina.
Ocurre al tercer día, después de completas. Adso se había metido por su cuenta en la biblioteca y al salir escucha unos ruidos en la cocina, ve que una persona escapa, pero descubre a otra que se esconde temerosa: "una muchacha hermosa y terrible como un ejército dispuesto para el combate".
Las palabras que Adso usa para describir a la muchacha y lo que le dice mientras ella lo cuasi-viola, son tomadas del Cantar de los Cantares, uno de los libros poéticos del Antiguo Testamento. ¿Qué podría saber Adso del amor sensual? ¿Podía haber tenido contacto con otras mujeres o al menos escuchar o ver relaciones románticas? Seguramente no. La experiencia de Adso en esas cuestiones se debía limitar a lo que sus maestros (monjes) le enseñaran: el pecado de la lujuria y los deseos de la carne. ¿De dónde iba a sacar palabras para expresar esa nueva experiencia? De las Sagradas Escrituras.
El Cantar de los Cantares es el libro erótico de los hebreos. Atribuido al Rey Salomón, que reinó sobre Israel entre el 970 y 930 a.C. En el siglo II, uno de los grandes rabinos judíos, Akiba ben Josef, dijo: "En todo el mundo no hay nada que se iguale al día en que el Cantar de los cantares fue dado a Israel".
"De pronto me pareció que la muchacha era como la virgen negra pero bella de que habla el Cantar." (ECO,1980, p 244)
Y comienza a describirla: ... la cabeza se erguía altiva sobre un cuello blanco como una torre de marfil, los ojos eran claros como las piscinas de Hesebón, la nariz era una torre del Líbano, la cabellera, como púrpura. Sí, su cabellera me pareció como un rebaño de cabras, y sus dientes como rebaños de ovejas que suben al lavadero, de a pares, sin que ninguna adelante a su compañera. Y empecé a musitar : "¡Qué hermosa eres, amada mía! ¡Qué hermosa eres! Tu cabellera es como un rebaño de cabras que baja de los montes de Galaad, como cinta púrpura son tus labios, tu mejilla es como una raja de granada, tu cuello es como la torre de David, que mil escudos adornan."
La mayoría de las metáforas vienen del Cantar de los Cantares, que es el diálogo entre La Sulamita y el Amado, una pareja hebrea que se declara su amor. Los cabellos como manadas de cabras (Cantares 4:1), los dientes como ovejas (Cantares 4:2), el cuello como la torre de David (Cantares 4:4), las mejillas como cachos de granada (Cantares 4:3).
En el Cantar (1:2), la Sulamita dice del amado: "¡Oh, si él me besara con besos de su boca! Porque mejores son tus amores que el vino". Y Adso dice lo que le pasó: "Y me besó con los besos de su boca, y sus amores fueron más deliciosos que el vino". Y así es igual con otros pasajes.
¿Era la muchacha campesina tan hermosa? En la oscuridad y la emoción del momento, Adso alcanzó a imaginar que sí.
La pobreza de Jesús
Al quinto día, hora prima se produce una fraterna discusión sobre la pobreza de Jesús. Para los defensores de la pobreza, como Ubertino da Casale hay argumentos bíblicos en los evangelios para decir que Cristo y sus apóstoles no tuvieron bienes en forma civil y mundana.
"Dijo que ante todo había que reconocer que Cristo y sus apóstoles tuvieron una doble condición, porque fueron prelados de la iglesia del nuevo testamento, y como tales tuvieron propiedades, en cuanto a la autoridad para dispensar y distribuir bienes {...}, como está escrito en el capítulo cuarto de los Hechos de los Apóstoles, y sobre esto nadie discute."
El texto citado se refiere al comunitarismo que practicaba la iglesia primitiva. Hechos 4:34-35: "Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad."
La doctrina de los bienes en común contrastaba con la acumulación de riquezas de las abadías y la Iglesia Romana.
La exposición de Ubertino continúa con sus referencias a las Escrituras: "Y por eso una cosa es defender civil y mundanamente el bien propio contra el que nos lo quiere quitar, apelando al juez imperial (y afirmar que Cristo y los apóstoles poseyeron bienes de esta manera es herético, porque, como dice Mateo en el capítulo V, al que quiera litigar contigo para quitarte la túnica, déjale también el manto, y no otra cosa dice Lucas en el capítulo VI, donde Cristo aparta de sí todo dominio y señorío y lo mismo impone a sus apóstoles, y véase además el capítulo XXIV de Mateo, donde Pedro dice al Señor que para seguirlo lo han dejado todo)".
Mateo 5:40. "y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa". El texto de Lucas 6 es más difícil de señalar pues la referencia no es textual. Optativamente la referencia es al verso 30: "A cualquiera que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva". Aunque también puede ser un error, como en la referencia siguiente, que afirma que Pedro dice algo en el capítulo 24 de Mateo: sólo Jesús habla en ese capítulo, las palabras de Pedro están en el capítulo 19, verso 27 (también en Marcos 10:28 y Lucas 18:28).
Como lo resalta Gonzalo Soto, el problema de la pobreza no era sólo una cuestión teológica y política: la relación Papado-Imperio estaba en peligro. Por eso los franciscanos querían asegurarse el respaldo bíblico para sus tesis sobre la pobreza, pues nadie se atrevería a negarlo. Sin embargo, los enviados de Juan XXIII, también utilizaron textos bíblicos para decir que Jesús y sus apóstoles no eran pobres.
Esa edad media había perdido su rumbo en discusiones como las de la pobreza. La Iglesia decíase ser portadora de los asuntos espirituales mientras luchaba por los terrenales. No es extraño que surgieran tantas divisiones y herejías. En cuanto a la Biblia, siempre fue la misma, sólo cambiaron los énfasis hermenéuticos de los pontífices.
Bibliografía
ECO, UMBERTO. El Nombre de la Rosa. Editorial Lumen, Barcelona, 1980.
SOTO POSADA, GONZALO. Diez aproximaciones al medioevo. Editorial UNIVERSIDAD PONTIFÍCIA BOLIVARIANA, Medellín, 1999.
ZAID, GABRIEL. Los demasiados libros. Editorial Anagrama. Barcelona, 1996.
BORGES, JORGE LUIS. Otras Inquisiciones. Alianza Editorial, Madrid; Emecé Editores, Buenos Aires, 1960.
LA SANTA BIBLIA, Traducción Reina/Valera, revisión 1960. Sociedades Bíblicas Unidas, Corea, 1992.
Published by Diego Pineda
Diego has been a science writer for some years now, writing mostly about immunizations and infectious diseases. Before becoming a science writer, he wrote both fiction and nonfiction in South America. Visit... View profile
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